Querida lentejita:
Hace poco menos de una semana que sabemos de tu existencia. Papá me trajo un test de embarazo un día antes de lo que nos habíamos propuesto, ya que yo estaba intentando no entrar en pánico porque hacía días que me tenía que haber bajado la regla.
Si hay una cosa que una mujer odia (vale, sí, odiamos miles de cosas y, la mayoría, sin sentido) es que el maquillaje se nos vaya al carajo. Así que le eché la bronca a papá porque yo estaba monísima para ir a comprar un regalito a tu tita Laura.
A lo que iba. Me senté en el WC, le quité el capuchón al test e hice lo que tenía que hacer... ¡pipí! Enseguida comenzó a hacer magia el pequeño test, salió una rayita y... ¡luego otra! Así que llamé como loca a papá, que lo miraba, me miraba a mí y, francamente, creo que no lo asimilaba. Durante toda esa tarde y noche, ambos cuestionábamos la veracidad del test. Al día siguiente, papá se levantó, desayunó y fue a por otro... ¡que volvió a salir positivo!
¡Lentejita existe!
