Cambios

Casi 37 semanas.

Hoy te voy a mostrar dos fotografías que me ha hecho papá a medida que han pasado las semanas de embarazo, para que veas cómo me ha crecido la barrigota:



Ahí estás, cabeza abajo y abultando mi panza cada vez más. A ver, que yo no era precisamente una sílfide cuando me quedé embarazada, habíamos pasado un buen verano de cenitas poco ligeras en la terraza y las vacaciones en Galicia fueron de lujo. 

Al principio del embarazo todo el mundo me decía que no engordara demasiado, que luego sería difícil perder esos kilos de más. Pero una vez que fue pasando el tiempo, decidí que me daba igual: ya está bien de opinar sobre el cuerpo de la mujer y prácticamente obligarnos a estar perfectas hasta en el momento en el que te sientes más humana, más natural. Ahora que se acerca la recta final, ya hay quien incluso me habla de apuntarme al gimnasio y de ponerme en forma "lo más pronto posible". ¿Nueve meses de engorde y ahora no me dais margen para que los kilos se vayan a su ritmo? ¡¡Anda ya!!

Si hay una razón por la que, con todos estos kilos de más que llevo encima, adoro mi cuerpo más que nunca es porque tú estás en él. Llámalo sacrificio, llámalo amor de madre. Pero el hecho de llevarte conmigo, me da fuerzas para aguantar las miradas de desaprobación de aquellas personas que me ven gorda. Lo mismo me pasa con los pies, que más que pies parecen dos trozos de carne enrollados en hilo cuando me pongo sandalias. O los ardores nocturnos, gracias a los cuales me siento más dragona que Khalessi.


Por todo, yo creo que el cambio más grande se ha producido en mi mente. Creo que es algo que no les ocurre a los papás, y por eso vienen las decepciones cuando el niño o la niña no sale como ellos esperaban: yo estoy completamente enamorada de ti, seas como seas, y lo estaré siempre con tus defectillos y tus virtudes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario